jueves, 31 de diciembre de 2009

Fuegos Artificiales

Cuando se pierde la vista, las festividades poco importan. Lo mismo da si es navidad o año nuevo, todo es igual de oscuro. Al menos ya soy viejo, puede decirse que alcancé a ver lo suficiente. Después de todo, un viejo que se queda ciego a los 70 años no es tan impresionante ni causa tanta lástima como un joven en la primavera de sus días.

Cuando las sombras aparecieron en mis ojos trayendo paulatinamente la ceguera, empecé a reconocer las voces a mi alrededor. Oía a mis nietos y a mis hijos llamarme, y podía sentir cómo se compadecían de mí. Yo antes era un hombre fuerte, gallardo y aguerrido; ahora la tarea más sencilla (como recorrer ese largo pasillo que conduce al baño) es una faena imposible ¡Qué gran dolor de cabeza es todo esto!

Algunos dicen que mi ceguera es un castigo; una redención que estoy pagando por los pecados del pasado. Pero qué castigo puede ser quitarle la vista a un viejo, cuando ya quedan pocas cosas por ver. Otros más me consuelan diciéndome que ahora podré escuchar el corazón de mis seres queridos, dado que ya no puedo ver sus rostros. También es mentira. No he aprendido a escucharlos, de hecho, cada vez los siento más lejanos; sus voces parecen apagarse.

Lo bueno es que tu te fuiste antes que yo, Ramona; tu rostro es el único que realmente hubiera lamentado no volver a ver. Eso sí hubiera sido un gran castigo. Hoy es la fiesta de fin de año, en la casa como a ti te gustaba. Seguramente recibiré muchos abrazos, pero quizá no reconozca de quién vienen. Yo sonreiré, para que nadie se sienta triste por mi indiferencia . Pero en mi mente sólo habrá este recuerdo: Tu y yo en la plaza del pueblo viendo los fuegos artificiales anunciando el año nuevo, las campanadas resonando muy fuerte como queriendo reventar nuestros tímpanos, tu mirada perdida en el cielo fulgoroso; todo se tiñe de las luces intermitentes y en un centelleo fugaz de color azul puedo ver tu sonrisa brillar. Ese recuerdo aún hace vibrar mi corazón.

Esos son los únicos colores que quisiera ver de nuevo. Aunque sea sólo una vez más.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Fantasmas.

Me empiezo a sentir envejecida. Mis pasos se han vuelto lentos y mi corazón ya no late con la misma fuerza. La vida se me escapó por la misma puerta por donde te fuiste. Ahora estoy considerando quitar el espejo de mi habitación, que se ha convertido en una ventana aterradora. Aveces creo ver la silueta de tu figura ahí, mirándome e invitándome al abismo. Lo bueno es que hace mucho dejé de creer en fantasmas.

martes, 15 de diciembre de 2009

Génesis

Cuando abrió los ojos vio sus manos llenas de sangre. El ángel al fin había matado a aquél demonio con cuerpo de hombre. En su rostro se dibujó una sonrisa maliciosa al ver el cuerpo destrozado. El ángel que mató por amor, sintió como el pecado se apoderaba de su alma inmaculada; una calidez envolvió su ser. El sabor de la venganza era dulce; bastó con probarlo una vez para que se conviertiera en vicio. Fuera por vanidad o envidia, no pudo soportar la idea de que su amada le entregara su corazón al demonio. El amor no correspondido es el principio de todos los males. Es así que, con la sangre fresca manchando sus vestiduras , el ángel se convirtió en demonio.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Amor Amorfo

“Si nuestro amor no fuera
el sueño doloroso
en que vives sin mí,
dentro de mí, una vida
que me llena de espanto;
si no fuera un desvelo,
un grito iluminado
en la noche profunda…”
Xavier Villaurrutia


El tic-tac interminable del reloj. Me perfora los sesos como queriendo reventar mi cabeza.

Tic, tac.

Te miro en tu lecho: frágil, indefensa, tierna…casi virginal. Y yo sin poder tocarte, sin poder penetrar tu alma. Continúo buscando el punto donde congeniar contigo y así ser uno por siempre.

Tic, tac.

No despiertes nunca, así no podrás ver la fealdad de mi rostro; mi rostro que en realidad no existe pues nadie lo ha mirado. No quiero escuchar tus burlas, tus insultos, tus reclamos…simplemente no quiero escucharte. Sólo quiero observarte, guardarte en la memoria. Así podré inventar mil historias sobre nosotros, que no hablen de nuestros fracasos; podré decirles a todos que te encuentras de viaje, que escribes a diario y que un día volverás. Les contaré que aún me amas y que no has considerado si quiera dejarme; que es mentira que ya hiciste las maletas, que aún no has comprado tu boleto de avión. Inventaré mil situaciones (algunas muy cómicas) sobre el por qué de los gritos que se escuchaban en todo el edificio, de cómo nos reconciliamos y de cuanto nos amamos ahora.

Tic, tac.

Te observaré e intentaré grabarme tu rostro en la mente. Haré lo posible para que siempre estemos juntos, hasta la eternidad. Mi rostro será lo último que vean tus ojos; así recordaré tu gemido contenido y tu grito ahogado, así por un instante seremos un mismo ser completo, entero. Viviremos en una mirada imperecedera, en nuestro castillo color rojo sangre. Te evitaré todo sufrimiento y tu espíritu estará en paz. Yo dejaré de ser el monstruo en el que me convierto cuando no estás a mi lado. Al fin tendré un rostro: el tuyo y el mío fundido en uno solo.

Tic, tac.

Sigues dormida. Tomo el revólver, miro tu rostro y disparo…


sábado, 5 de diciembre de 2009

Al sur

Pues bien, al fin estamos aquí. Ya no es necesario que nos devoremos todos esos libros; no más pláticas de la música, las costumbres o de la dictadura. Ahora que estamos en Chile lo podemos conocer por cuenta propia.

Quién iba a imaginar que viajar al sur era tan complicado, esas ocho horas de vuelo aún se sienten en mi espalda. Pero todo sea por llegar a la patria de Tulio Treviño. Y mejor ni nos acordemos del impuesto que nos cobraron para entrar que nos dejó 23 dólares más pobres. Yo que creía en la Latinoamérica unida y sin fronteras.

Aquí el sol parece diferente, tiene cierto aire sombrío; quizá sea porque estamos en otro hemisferio y eso hace que las cosas se vean desde otra perspectiva. Y qué razón tenían Los Simpsons, el agua gira hacia el otro lado, así que cada vez que veo el retrete no puedo evitar cantar: Qué lejos estoy del suelo donde he nacido. Pero curiosamente no me siento tan alejada de mi país, quizá se deba a que en el fondo son muy parecidos a nosotros. Claro, ellos hablan más fuerte y rápido lo que hace que en ocasiones no nos entendamos (y en otras nos intimida). Eso sí, nos sorprenden con su belleza. No pueden negar su lado europeo, ese que se han esforzado por conservar, está presente en todo: en su ropa, en sus ojos cejones y pestañones, en su comida…ah claro, pero el mote con huesillo se lleva la mención honorífica.

Un gitano se nos acerca (aquí abundan los gitanos) y nos quiere leer la suerte. Me niego a pensar que nuestro futuro está dibujado en nuestras manos, pero los gitanos son unas personas muy persuasivas y tengo miedo que nos lancen una maldición voodoo ¿Y después de eso qué nos queda? En momentos así sólo queda caminar; esa es la mejor manera de conocer Santiago. Debemos empaparnos de las calles, no importa la dirección ni el miedo a perderse; recuerda que entre más caminemos al sur paulatinamente llegaremos al norte, a casa. Por suerte no nos hemos perdido, es raro, pero siempre llegamos al hotel sin saber cómo.

Esas pelusitas que flotan en el aire nos han estado perturbando. Que bueno que tú también las ves, porque sino pensaría que me estoy volviendo loca ya que la gente aquí parece no percibirlas. Me la he pasado dando manotazos al aire tratando de agarrar una.

Al fin nos vamos más al sur, los andes nos observan y nos custodian. El paisaje nos recibe con sus verdes viñedos que aún no han florecido. Ante tanta belleza uno se siente un poco insignificante; pero para qué pensar en eso, mejor hay que reírnos del extraño baño del camión.

Llegamos al congreso, en la ciudad de Rancagua, hacen su aparición escritores chilenos, argentinos, colombianos, ecuatorianos, estadounidenses. Y aparece la frase que no nos cansamos de repetir: somos como niñas sentadas en la mesa de los grandes. Inicia la convivencia. Es curioso, parece que todos hablamos idiomas diferentes por lo que hay que aclarar algunas palabras para evitar los malos entendidos. Al hablar con todas esas personas y escucharlos hablar con tanto amor de sus países, nos llega el complejo del extranjero. Cada vez que dicen Sor Juana, chile chipotle, Ciudad Juárez, Tijuana, México… quisiéramos tener una matraca y sonarla con orgullo.

En Sewell, la ciudad minera, el aire se torna frío y contaminado. No podemos evitar pensar que los pulmones se nos llenan de cobre. Ciudad fantasma, escenario perfecto para una película zombie. Empezamos a inventar miles de historias; tu me dices que si retrocedemos en el tiempo pides llamarte LeFleur. Pero la que más me gusta es nuestra versión de que ahí es la casa de EL DIABLOU, porque sólo él puede vivir en un lugar tan alejado, misterioso y frío.

El viaje llega a su fin con nuestro avión cruzando el océano hacia el norte. Y sí, en algún momento extrañé la patria, pero nunca me sentí perdida; quizá porque estabas conmigo.